jueves, 10 de enero de 2013

Capillos I: Capellinas

Dentro de la amplia familia de vestiduras para la cabeza o capillos, hay unas cuantas que está demostrado fueron adaptadas para usos castrenses. Las diferentes culturas y pueblos fueron propagando a medida que conquistaban (o eran conquistados) sus propios diseños a lugares lejanos de su entorno. Muchas veces debieron cambiar o adaptar sus propios capillos a condiciones climáticas que les eran desconocidas. Por ello, la riqueza en cuanto a variedad de estilos es realmente sorprendente.


La capellina es una clase de capucho que usaban los rústicos para defenderse del agua y el frio. Procede del latín cappella, diminutivo de cappa, capa. Obviamente no todas las capellinas eran exactamente iguales en las diversas naciones, sin embargo los campesinos la usaban para lo mismo. Abajo monje con capucho puesto.


A diferencia del almófar o capellar, la capellina parece haber cubierto exclusivamente la cabeza en base a los datos que se poseen.  No sabemos como eran exactamente ni con qué material se fabricaban, sin embargo es gracias a los dibujos de época medieval por los que podemos hacernos una idea de la forma que tenían. Podemos incluir las capellinas y capuchos dentro de la familia de las "capillas", palabra que se usaba antaño para designar a lo que hoy llamamos "capucha". Abajo capellina de hierro española de finales del s.XIV.



La palabra aparece en tierras hispanas a comienzos del s.XIII y no deja de emplearse hasta el XVII. Dado el alto número textos que lo nombran debió ser extraordinariamente frecuente en España. También se llamó Capeillina y capelina. Estoy convencido que la mayoría de las capellinas usadas en combate por el populacho eran civiles, seguramente hechas de cuero o tela. En Amadís de Gaula (comienzos s.XVI) la capellina es arma de villanos, lo cual ratifica que era una prenda típica entre los campesinos. Los "capellinas" eran soldados de caballería así llamados porque usaban esta clase de capillo. A continuación seleccionaré aquellos textos medievales que aportan información adicional sobre este arma defensiva.



Valladolid 1255: Et por açecalar e alupiar una capellina, quince dineros.



En la gran conquista de Ultramar (1295): E capellina de fierro traia muy buena é muy bien acecalada. Los árabes usaron capellinas delgadas y cubiertas de un muy rico paño de seda.



Inventario de 1308 para defensa de un castillo: capellinas de madera.



En las Cortes de Valladolid de 1385: o capellina con su gorguera. Todos los homes que hobieren cuantía de tres mil maravedís o dende arriba, que tenga cada uno lanza e dardo e escudo e fojas e cota e vacinete de fierro sin camal o capellina e espada e estoque o cuchillo cumplido. Todos los que hobieren cuantía de dos mil maravedís o dende arriba fasta en cuantía de tres mil maravedís, que tenga cada uno lanza e espada e estoque o cuchillo complido o vacinete o capellina et escudo.


Romancero de Sepúlveda 1551: Don Garcí Pérez se armó de sus armas se avia armado que traya su escudero pusolo junto a su lado: la capellina se enlaza la cofia se le ha quitado: en el suelo se le cayó que en ello no habían mirado.



Durante la expulsión de los moriscos valencianos realizada por Felipe III en 1609 se requisaron multitud de armas, entre ellas había dos capellinas. Desde el s.XIV muchas capellinas fueron equipadas con un visor, en España se llamó "capellina celada".  Abajo vemos un par de ellas.








domingo, 6 de enero de 2013

Lorigas de lienzo

El lienzo es una tela que se fabrica de lino, cáñamo o algodón. Sin duda las lorigas de lienzo deben ser una de las armaduras más antiguas de la humanidad, la acumulación de telas o cuerdas como modo de protección se ha dado en todas las partes del mundo desde tiempo inmemorial, no solo por la fácil disponibilidad del material sino por su eficacia.  El lienzo era un indumentaria, esto es, que se llevaba siempre por debajo de cualquier armadura o vestimenta. Todas las lorigas tienen en común que cubren el cuerpo y carecen de correas para sujetarse.  



Desde principios del s.V a.C. era ya conocido entre los griegos el linothorax (coselete de lino), el cual estaba constituido por láminas de lino encoladas entre sí y endurecidas mediante inmersión en vinagre y sal. A veces se reforzaban con escamas de bronce. Algunos de estos coseletes tendrían probablemente placas rectangulares metálicas emparedadas entre láminas de lino. Es posible que el linothorax fuera la lorica lintea (loriga de lienzo) nombrada por Suetonio, Livio y Arriano.


Con el tiempo nuestros antepasados cayeron en la cuenta de que si le cosían encima anillos de hierro entrelazados ensartados con alambre formaba una defensa más firme. Según algunos autores latinos, tan brillante idea la copiaron los romanos de los celtas hacia el s.IV a.C. Las lorigas con mallas de anillos de hierro fueron las más comunes a lo largo de la historia, quizá debido a su buena proporción entre peso y protección.


No debemos dejarnos llevar por el lenguaje de los poetas (lorica hamata) para definirlas, pues este refleja solamente el aspecto externo de la armadura (loriga de anillos) y no el nombre real con que se conocía, que no era otro que "loriga terliz". Era aquella constituída por una tela fuerte de lino o algodón, por lo común de rayas o cuadros y tejida con tres lizos. Esta tela se llamaba terliz y se sabe que en el ejército romano se usaban prendas fabricadas con trilicis. En cuanto a las lorigas de este tipo se hace evidente que la malla elegida eran anillos metálicos, tal como comenta Virgilio (s. I a.C):



Loricam consertam hamis auroque trilicem (Loriga encandenada de anillos de oro terlices).



Ya en época medieval tenemos en Francia la broigne treslie (brunia terliz) o su versión latina thoraca et trillicem. En España no nos quedamos al margen: Vestía una loriga de acero colado terliz é bien tezida. De nuevo se enfatiza el uso de tejidos para su fabricación. A tenor de los datos existentes, parece que la maille treslie sobrevivió en Europa hasta mediados del s.XV.


Otra vestidura militar empleada por las tropas romanas fue el bilex, que era similar al terliz pero tejido con dos lizos. Esta palabra latina designaba también algún tipo de malla. En la Edad Media tenemos un tipo de loriga llamada "bileo" tejida con cuerda de cáñamo. Sospecho que la medieval "malla doble" se refería en realidad a la malla bilex que conocían los romanos. No solo por etimología (bi-dos) sino porque ambas debieron ser cubiertas por malla de anillos de hierro. La base era lino o algodón después de todo.


A veces se nombra como "malla de anillos dobles". Otras como "malla doble" para resistir las flechas perforadoras de armadura de los mongoles. En algunos inventarios franceses se menciona haubert a maille double y haubert clavey de double maille. En España se nombra para el "cotón doble", especie de jubón grueso de algodón forrado con malla de anillos de hierro. Es de imaginar que este tipo de malla empleaba anillos más pequeños que el terliz para conseguir una defensa más tupida ante los proyectiles.


Por último, hay constancia de que la camisa formaba parte del equipo militar romano, estas prendas se fabricaban ordinariamente de lino. En la Edad Media es nombrada en el occidente europeo la camissan ferream, seguramente una camisa reforzada con anillos de hierro. En las Partidas (s.XIII) se denomina "camisote" a la loriga de mangas largas. Las camisas de aquellos tiempos eran largas, en la vida civil se llevaban principalmente para dormir, no en vano San Isidoro afirmaba que camisa viene de cama.


Entre los errores más comunes, incluso entre autores de prestigio, que pueden encontrarse sobre estas lorigas se hallan los siguientes:



1-Llamar "cota de malla" a la loriga terliz: Tras más de 20 años de estudio de documentos medievales debo afirmar que jamás he visto una sola mención de "cotas de malla terliz", y dudo que existieran pues el cuero basto de la cota no es la superficie más adecuada para los anillos de hierro. Tampoco viene mal recordar que había diferentes tipos de malla (escamas, launas, etc.) y no únicamente la de anillos de hierro.



2-Llamar "malla triple" a la malla terliz: Algún cerebrito infame tradujo el francés "treslie" por "triple", de aquí viene seguramente la idea que se trate del triple de anillos requeridos con respecto a la malla antigua para unir un anillo con otro. Como puede comprobarse se ignora olímpicamente de nuevo la base textil de esta loriga, a partir de aquí pueden leerse disparates como: "la triple malla se usó exclusivamente entre los siglos XII-XIV", sin caer en la cuenta que los romanos ya conocían la loriga "triple" desde la Edad Antigua... No me cabe duda que el número de anillos y su tamaño fue variado dependiendo de las necesidades militares, pero de ahí a vincular el vocablo "terliz" con este asunto va un abismo.



3-Identificar la "malla doble" con el número de anillos del mismo modo que el caso anterior. También existe confusión entre los refuerzos de una armadura (llamados dobles, dobleces o dobladuras) con la "malla doble".

sábado, 5 de enero de 2013

El almófar

En buena parte de las armaduras analizadas en el blog puede comprobarse que su origen es civil. A menudo lo cotidiano llama menos la atención que lo militar, quizá sea esa la principal causa de desconocimiento acerca del mundo armamentístico antiguo. Pese a quien pese lo uno y lo otro son fundamentales para pisar terreno firme y evitar tambalearse entre conocimientos inseguros y apócrifos. Casi todos los que nos gustan estos temas sabemos que el almófar es una especie de capucha de malla que servía como complemento a la loriga y que a veces se colocaba bajo un casco. Intentaré llegar un poco más allá, rompiendo tópicos, a pesar de mis nulos conocimientos de lengua árabe.








"Almafre", "almófar" y "almofre" (portugués) y "almófar" o "almofre" (castellano) proceden del andalusí almágfar y éste a su vez del árabe al-migfar, nombre de instrumento de la raíz gafara, que significa "cubrir, recubrir". Primitivamente carecía de malla pues era una prenda de vestir, y se hacía de piel o tejido grueso de lana afelpada. En España lo emplearon tanto moros como cristianos entre los siglos XII y principios del XV. Desde la Baja Edad Media el vocablo "almófar" se empleó exclusivamente para designar al militar, de ahí que se equiparara con el cristiano "camal", acortamiento de capmail (literalmente "malla para la cabeza").







La arabista y especialista en trajes medievales Elena Pezzi realizó un profundo estudio sobre la capa, en él llegó a la conclusión de que en España se llamaba "capellar" -del latín capella, diminutivo de cappa "capa"- al andalusí "almófar", se trataba de una capa corta especialmente indicada para los días de lluvia. Además, en otros países musulmanes la gifara era también una prenda similar de la que había varios tipos de gran amplitud, lo demuestra la traducción que se suele dar como "capa" cubriendo, además de la cabeza, buena parte del cuerpo. A continuacion vemos lo que bien pudo ser un almófar civil.









Como toda capa la capucha del almófar quedaba colgando en la espalda cuando no se llevaba puesta. Huelga decir que la malla iba cosida o tachonada sobre la prenda, lo recalco porque por internet suelen verse "almófares" constituídos únicamente por malla de anillos que rozan la piel directamente. Tengan cuidado ahí fuera con los frikis y "expertos" de turno.







Para algunos autores formaba parte inseparable de la loriga, sin embargo los textos medievales no indican eso precisamente, de hecho los distinguen. Por ejemplo en el Fuero de Cáceres de Alfonso IX, de 1229:  



Si lo hiciere con loriga y almofar o lorigon con capellina sea solo con dos escusados: Al que lleve loriga con almófár una caballería; con lorigón y almofar o una capellina una caballería...







Mientras que en el Fuero de Usagre, otorgado por la Orden de Santiago y su Maestro D. Pelay Correa que ejerció el cargo entre 1242 y 1275:



Qui levare loriga o lorigon con capiello, de L cauallerias o dent arriba lieue so derecho; loriga con almófar o con capiello, 1 caualleria; ... lorigon sin capiello o sin almófar, media cauallería.



Por último las milicias concejiles sevillanas de los siglos XIII-XV citan a caballeros completamente armados de armas de fuste et de hierro: lorigas con almófar o cofia de malla.







Ciertamente el almófar iba sujeto a la loriga de algún modo, así en la Crónica del Cid: En guisa que le tajo el almofar de la loriga con una gran pieza del casco de la cabeza.



En ocasiones el almófar se reforzaba con otras protecciones (dobleces) para dar más protección: cofias, casquetes, etc. Así se comprueba en el "Libro de Alexandre" (s.XIII): estie una loriga de agero colado terliz e bien tegida, el almófar doblado. En la imagen de abajo vemos un ejemplo de almófar doblado con un capillejo oculto sobre la coronilla.






En muchos casos se puede comprobar que había una banda ceñida en el almófar con la función de sujetar el capillo.






Al parecer era común acorazar la cabeza de este modo cuando se llevaba un yelmo grande, probablemente para ajustar fírmemente la calva del yelmo al craneo.






Las clases menos pudientes solían llevar almófar sin malla a la guerra. Abajo vemos un peón equipado con capacete y almófar civil.






Otros autores han defendido de modo categórico que almófar es sinónimo de cofia. De nuevo comprobamos que nuestros antepasados discrepaban con toda claridad... En el "Poema de Fernán González": Capyello, e almofar e cofya de armar. Mientras que en "Lanzarote del Lago" (s.XV): E quando boores vio que no deçia cosa tirole la cofia de azero y el almofar.







La cofia de armar (la militar) era un complemento habitual bajo el almófar, como lo indican multitud de documentos. Su función principal era sujetar el pelo y al mismo tiempo ofrecer algo de protección adicional a la vulnerable testa. Solían hacerse de lino, ranzal, malla o acero.






Algunas ilustraciones muestran guerreros con simples cofias acompañadas en el mejor de los casos con un capillejo de hierro, como vemos en el peón de la derecha.







El yelmo o casco se sujetaba a la barbilla por medio de unas correas llamadas moncluras. Abajo vemos un yelmo con búcula (máscara) sujeto al almófar por medio de moncluras.






Debe tenerse especial cuidado de no confundir el almófar con la "ventalla" o alpartaz, que era una protección de malla que se sujetaba a la parte externa del yelmo o casco. Del mismo modo hay que diferenciar "camal" de "ventalla", pues camal es un almófar de mallas, o dicho de otro modo un capellar de malla.









El alpartaz fue extremadamente frecuente en los bacinetes del s.XIV, se unía a la loriga por medio de ataduras. En este caso era un largo gorjal de malla que cubría hasta los hombros.







El tamaño de la ventalla era variado dependiendo de la armadura, casco y apetencias del usuario. A veces tomaba forma de velo.





La malla más habitual del almófar estaba constituida de anillos de hierro, si bien en ocasiones se llevaban otros tipos diferentes. La etimología deja bien clara la relación estrecha entre el almófar y cualquier tejido o malla capaz de cubrir a modo de capa la cabeza. Dependiendo de la malla que se colocara encima, el almófar se fabricaba con el tejido o cuero conveniente.






domingo, 16 de septiembre de 2012

Aniversario

Queridos amigos:

Hoy se cumple un año desde que el presente blog comenzó a funcionar. Durante todo este tiempo ha sido un verdadero placer trabajar para que la comunidad hispanoparlante aficionada a estos temas tenga una visión verdadera sobre la evolución general del armamento antiguo, que nada tiene que ver con la imagen estática a que nos tienen acostumbrados. Espero que hayais disfrutado las entradas tanto como yo lo he hecho realizándolas. Hasta la fecha las más visitadas han sido "Báculos", "Ballestas primitivas" y "Azotes en el mar".


Mucho me temo que el futuro de "Armas y armaduras en España" estará limitado a la mejora de las entradas ya existentes, lo cual no es poco. Prácticamente he tratado sobre todas las armas que mi monumental base de datos histórica me permite. Seguir publicando entradas teniendo como base libros modernos es contrario al espíritu de este blog. Dedicarme a hablar de armas de otros países sería fácil para mi, pero esto se sale de España, con lo que no sería muy coherente. 


He hecho numerosas actualizaciones y correcciones de entradas antiguas, entre ellas están "Orígenes del hacha", "Lorigas", "Carcajes, aljabas y goldres", "Dardos", etc. Agradecería mucho que me facilitaseis links sobre textos medievales hispanos dedicados a armas, de este modo las entradas no se quedarán obsoletas. Vuestra implicación es esencial. Estais todos invitados a mi castillo para celebrar el aniversario de marras.


Las siguientes personas han colaborado en alguna/s de las entradas: Amo del castillo, Gilgamesh, Luis Barcelona, Germán Tranquilo, Miguel Angel, y algún que otro que no recuerdo en este momento. Todos ellos podrán disfrutar, aparte del almuerzo, de las bodegas del castillo por sus aportaciones desinteresadas.



¡Feliz fiesta!

El Tormenta

sábado, 15 de septiembre de 2012

Brazales y mangas

Brazales: "Brazo" viene del latín brachium, su raíz etimológica es mreghu- "corto". Se le llamó así por ser más corto que la pierna. En la Francia del s.XII las cueras iban a veces equipadas con brazales (brachieres). Los brazales ocupaban desde el hombro hasta la muñeca, se dividían en dos partes: avambrazo y guardabrazo.

La palabra "avambrazo" aparece tanto en Inglaterra (vambrace) como en España hacia el s.XIV y designaba originalmente la protección que cubría el antebrazo. Para muchos autores modernos el avambrazo cubre desde el hombro hasta la muñeca, pero esto se da de bofetadas con la realidad histórica. Por otro lado la parte del brazo que cubría desde el codo al hombro se llamaba guardabrazo (en Inglaterra rerebrace). El término, como veremos, no distingue entre protección flexible o rígida, tan solo se refiere a aquello que defiende el brazo. Los romanos empleaban guardabrazos de tiras de cuero (pteriges) o láminas articuladas.





Los guardabrazos de tiras continuaron usándose en el medievo por parte de los bizantinos.


En otras ocasiones se trataba de la malla que formaba parte del lorigón, como vemos en este caballero romano del s.IV d.C.  


La palabra "guardabrazo" está documentada en España desde 1250, como parte del equipo transportado por una galera:

5 Hombres guarnidos de hierro
4 Ballestas de estribera, otras cuatro de 2 pies.
1000 cuadrillos
50 lanzas
10 guardabrazos
10 escudos
10 Capillos de fierro.



Poco después, en las Partidas se hace referencia al guardabrazos equiparándolo con las mangas:

E el que llevase guardabrazos con perpunte e capillo de hierro, una caballería. E lorigón es dicho a aquél que llega la manga hasta el codo e no pasa más adelante hasta la mano; e camisote es el que llega la manga hasta la mano; e guardabrazo es el que tiene mangas.


Con la llegada del arnés de platas, los brazales eran protecciones complejas que se combinaban con malla, platas, cañones y codales, incluso a veces las hombreras iban unidas al guardabrazos.


En 1476:

Por otra parte, el hombre de armas debía llevar caballo, cubiertas, arnés cumplido y lanza; el jinete, caballo, coraza, falda, gocetes, quijotes, brazales, capacete, babera y lanza;

En 1495 se dice:

Los doscientos habían de ser hombres de armas con sus pajes y caballos encubertados, y todos armas blancas según pertenescia a hombres de armas y lanzas largas -caballería pesada-, y los trescientos a la gineta según acostumbraban armarse: a saber es con corazas, capacetes, babera, armaduras de brazo, faldas y quijotes.


A comienzos s.XVI:

Piqueros con coselete completo, celada borgoñota, gola, peto, espaldar, faldón, guardabrazos, hombreras, cañones, guardas y manoplas, además de la pica llevaban una espada recta de cazoleta y gavilanes.

Infante vestido con coselete completo, grebas, quijotes, cañones, brazales, guardas, celada completa de hierro batido, espada de 2 manos, lanza de ristre con manija y banderola.

Los infantes llevaban ródela, espada, dardo, celada, coselete con gorjal y brazales.

El equipo de los jinetes o caballos ligeros era: un caballo, coraza, capacete, barbera, quijote, faldas de mallas, guarnición entera de brazos, lanza, espada y puñal o daga.

Hacia 1570:

Cada caballero debe equiparse con una celada borgoñona, una gola, una coraza con su ristre, y escarcelas largas, brazales y guardabrazos, y guanteletes, y lanza de armas con su hierro de punta de diamante.


En dos documentos de 1590:  

Arnés, peto, espaldar, brazales, manoplas, lanza, espada ancha y daga.Un arnés blanco con sus platas, brazales, gola, celada, guardabrazos y mandiletes con faldones de tela de oro, sobre azul, espada y lanza.

Mangas: "Manga" viene del latín manica, propiamente "lo que cubre la mano". Esto me lleva a pensar que las primitivas mangas partían desde la mano, y no desde el hombro. Caso similar ocurrió con las calzas, palabra derivada de "calzado", pues originalmente cubrían solamente los pies. Así, con el el paso de los siglos la palabra"calzón" llegó a designar a las calzas que cubrían desde la cintura a las rodillas. Actualmente las mangas cortas se refieren a las que cubren desde el hombro hasta los codos. Es importante aclararlo. Debido a la articulada naturaleza de la mano, este tipo de protección ha designado siempre un tipo de defensa flexible (mallas o ropajes).

Entre los gladiadores romanos era frecuente el uso de una manica acolchada para el brazo derecho, que era el que solía estar desprotegido por el escudo.


El uso de mangas para la guerra la heredaron los bizantinos durante el medievo, los clibanarios (caballería pesada) solían cubrir su cuerpo con un clíbano al que iban sujetas unas manikia que cubrían desde el hombro a los codos. También emplearon cheiromanikas (quiromangas) para cubrir los brazos hasta la mano.


Los carolingios heredaron plenamente la cultura armamentística romana occidental, como no podía ser de otra manera usaron mangas para cubrir los brazos cuando llevaban sus brunias:

Bruniam I, helmum I et manicam unam ad ipsum opus.



En documentos nórdicos del siglo XIII se habla de “manipulos ferreos”. En el poema de Lanzarote (s.XV), se traduce del francés “manicle” el español "manipulos" o "mangas tiradas", y hacen referencia a la protección del antebrazo y mano para la loriga. Es probable que mangas tiradas haga referencia a mangas que al soltarse quedan colgadas o tiradas.





sábado, 18 de agosto de 2012

Mendigando manuscritos medievales


El trabajo realizado en este blog se basa en manuscritos medievales. Aunque mi base de datos es realmente gigantesca, todo tiene un límite. Cada vez cuesta más sacar conejos de la chistera a la hora de añadir nuevas entradas. Para evitar que me pille el toro estaré buscando por ahí documentos antiguos que sirvan para mejorar lo existente y poder seguir publicando material. Sería muy de agradecer que me indicáseis links en donde hayan textos medievales hispanos con referencia a armas, no me valen de mucho si no pueden ser fechados. Los clásicos ya los tengo, así que no perdais el tiempo buscándolos:

-Poema de Mio Cid
-Lanzarote del Lago
-Suero de Quiñones
-Poema de Fernán González

Seguramente alguno de los que me paseis ya los tenga yo, pero hay muchos otros que no. Me refiero a inventarios, fueros, arsenales, etc. Mi intención es seguir publicando siempre y cuando no se resienta la calidad de los trabajos, de lo contrario el espíritu del blog se corrompería de modo estúpido. Pase lo que pase, lo ya publicado es una excelente base de datos para los amantes de esta temática y los que quieran investigar por su cuenta. Seré sincero: La pervivencia de este blog depende en buen grado de vosotros.

Un saludo

El Tormenta

martes, 14 de agosto de 2012

Caballeros medievales

Aunque sea una verdad de perogrullo, conviene apuntar que un caballero era el guerrero que peleaba a caballo. El vocablo es genérico e incluye a todo tipo de caballería: ligera, media o pesada. Por extensión la palabra se ha empleado también para designar a los nobles, que eran los que podían permitirse el lujo de tener un caballo y mantenerlo. Debido a los camelos de las películas y los videojuegos existe la creencia popular de que cualquiera podía montarse en un caballo y partipar gloriosamente en una batalla.


No debe obviarse que el caballero real de la historia debía hacerse cargo de cuidar y alimentar al animal que lo transportaba, para ello debía tener unos conocimientos básicos sobre caballos:



1-Conocimiento general de los equinos: A la hora de adquirir una montura de guerra era esencial la raza del caballo, edad, así como su salud y fortaleza. Gracias a ello el caballero podía presentarse a una batalla con una montura digna, y llegado el caso de perderla adquirir otra adecuada.



2-Conocimiento de la dieta adecuada, higiene y bebida para la montura según el trabajo efectuado en unas condiciones climáticas determinadas, tanto en calidad como en cantidad.





3-Conocimientos médicos: Entre los problemas físicos más comunes entre los caballos se encuentran: trastornos digestivos, resfriados, enfermedades (gripe equina, tétanos, herpes), parásitos internos, lesiones, infecciones y enfermedades de la piel.





4-Compenetración entre caballo y caballero: El animal debe obedecer al dueño cuando éste lo requiera, para ello es fundamental una mezcla compensada de disciplina y buen trato. Un animal maltratado o mimado en exceso podría dejar en la estacada a su dueño en el peor momento de la batalla, lo cual puede llegar a ser mortal. Caballo y caballero deben ser un equipo que trabajan coordinados.



5-Dominar el arte de la equitación: Manejar un caballo no es una cuestión de fuerza bruta, sino de habilidad conseguida por medio de la práctica. Para lo cual se requiere una geografía física que facilite el proceso de aprendizaje y la práctica constante. No es casualidad que los mejores jinetes procedan de lugares con amplias llanuras. La caballería mongola medieval, probablemente la mejor de la historia, estaba constituida por nómadas que vivían literalmente montados a caballo desde su más tierna infancia. Esto les permitía sacar el máximo partido a sus animales: mayor velocidad de viaje, compenetración con su dueño, experiencia en combate, y otros factores aparentemente menores que se tradujeron en eficacia absoluta cuando se trataba de aniquilar al enemigo: la historia lo demuestra.



Una tropa de hombres montados podría cubrir 40 ó 50 km. en una jornada, si bien en algunas circunstancias (grupos reducidos, con equipamiento ligero y en trayectos de un solo día) podían llegar a los 70 km. Los peones recorrerían entre 25-30 km. diarios. Si iban bien cargados recorrerían entre 18-23 km/día o incluso entre 15-20 km/día. En un documento hispano de 1410 la hueste iba acompañada de "erveros" para la obtención de pastos y forraje. En el asedio de Almería (1329) se gastaba al día algo más de 1 kg de harina por persona y 1,35 litros de vino. En contraste, un caballo de guerra podía llegar a necesitar, para mantenerse en una adecuada disponibilidad de uso, unos 14 kg de heno o de pasto y otros cinco de avena o cebada, además de 35 litros de agua al día como mínimo. 


Las taridas eran barcos medievales de transporte capacitados para cargar máquinas de asedio aparte de caballos. Para entrenarse, los caballeros medievales participaban en justas, torneos, ejercicios ecuestres, cacerías, concursos de tiro de ballesta y alardes periódicos para ensayar la formación en grupo. En Castilla se llamaba "caballería a la guisa" a la caballería pesada (los hombres de armas o gendarma) y "caballería a la jineta" a la caballería ligera (los jinetes). Se denominaba "rocín de combate" al caballo de trabajo entrenado para las batallas, fue el más común en las guerras de la España medieval. En Cataluña desde el s.XIII llamaban a la caballería ligera "cavalls alforrats" y a la pesada "cavalls armats" o "bacinets". 



A medida que aumentaba el peso de la panoplia caballeresca, se mezclaron razas de caballos para conseguir una montura que tuviera valor, capacidad de carga y velocidad. Conocido como “destrier” desde el siglo VII, este caballo fue criado a partir de ejemplares selectos de raza bactriana o árabe mediante un intrincado y largo proceso, que en ocasiones duraba varios años. Al final se obtenía un caballo de 1,73 m. de altura, mientras que los típicos caballos medievales tenían una altura aproximada de 1,27 m. Tenían huesos fuertes y un lomo corto y robusto, podía transportar soldados pesadamente equipados. La palabra aparece en Inglaterra hacia 1300 y viene del francés destrier (s.XII), procede del latín dextrarius "manejado con la mano derecha". En España se llamó "caballo del diestro" como consta en documentos del s.XIV.



El estribo se introdujo en el Imperio Carolingio a finales del s.VIII., aunque no fue habitual en el ejército hasta el s.IX. En España el estribo se introdujo en el s.X, sin bien en el XI es cuando se hizo común. Mucho se ha debatido a favor y contra de la importancia del estribo en combate. Su importancia no debe rebajarse en absoluto: Desde la Alta Edad Media todos los ejércitos europeos fueron añadiéndolo a su caballería de modo paulatino, desapareciendo finalmente la monta sin estribo; por otro lado el uso del estribo permitió una forma de manejar el caballo en combate más cómoda y eficaz que difícilmente habrían adoptado todos los caballeros por puro capricho.



Monta a la brida: Consiste en la disposición extendida adoptada por las piernas del caballero. Esta postura puede ser debida, en el menor de los casos, a la ausencia de estribos, pero sobre todo, tiene su origen en la mayor longitud dada a las acciones. Con ello el caballero pierde movilidad sobre la silla, pero en cambio facilita su sujección siempre que utilice estribos, factores que hacen esta monta idónea para la caballería pesada. Sin ella no se hubiera tenido lugar la nueva y trascendente función otorgada a la lanza, entre cuyas consecuencias debemos señalar el perfeccionamiento de las sillas con arzones envolventes, o de los nuevos modelos de frenos reseñados, que constituyen un complemento imprescindible en este tipo de monta con fines bélicos. La silla empleada en este tipo de monta se llamaba "silla bridona".



Monta a la jineta: Es indispensable la utilización de los estribos, ya que se define por la escasa longitud dada a las acciones. Éstas obligan al jinete a llevar las piernas ligeramente dobladas, lo cual permite mayor movilidad sobre la silla y una monta mas ágil y veloz. Por ello las monturas utilizadas también serán rápidas, en consonancia con las posibilidades facilitadas por el sistema. Todo ello condiciona un equipamiento ligero para el jinete y un tipo de combate basado en la velocidad y movilidad como mejor arma, donde no tienen lugar las formaciones ni las cargas de la caballería pesada. Se denominaba "silla jineta" la empleada para este tipo de monta. Asimismo, la tornafuye se hacía con esta silla. La palabra "jinete" significaba originalmente: "caballero que monta a la jineta". Fueron los moros zenetas los que introdujeron este tipo de monta en España, así como las armas adecuadas para su uso: la lanza jineta y la espada zeneta.



Tanto en español, italiano, portugués como en inglés, la palabra "arnés" procede del francés "harnais". El corcel era un caballo ligero de mucha alzada, que servía para los torneos y batallas. Viene del francés coursier "correr", la palabra ya es conocida en Inglaterra hacia 1300 (courser). Francia fue pionera en el arte de la equitación. Sus conquistas desde el Imperio Carolingio no habrían sido posible sin una caballería competente, pues durante el periodo medieval la caballería era decisiva. Fue una superpotencia militar pionera en tecnología armamentística, y la prueba de ello es el innumerable número de palabras militares que tuvieron allí su origen. Abajo la caballería carolingia ataca a un grupo de vikingos a finales del s.IX (copyright Osprey publishing).


Abajo caballero carolingio equipado con gálea, clípeo, espada, brunia y lanza con cruceta.